#2: ¡Esa Foca Robó mi Silla!
Dejas tu silla durante un segundo, quizá para buscar una bebida o mojarte los pies, y de alguna manera una foca completa reclama el lugar como si hubiera pagado por él. Está allí estirada, relajada y sin la menor preocupación, viviendo exactamente el día de playa que habías planeado para ti.

Ahora permaneces de pie, preguntándote cuál es el protocolo. ¿Le pides que se mueva? ¿Simplemente aceptas la derrota? Mientras tanto, todos actúan como si esto fuera completamente normal. A estas alturas, la silla ya no es tuya. Ahora pertenece a la foca.
